9 tips para hacer frente a la ira
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Reconocer y aceptar el sentimiento de ira.
Un primer paso para superar esta segunda etapa del duelo es reconocer y aceptar el sentimiento de ira. Se trata de reflexionar sobre las causas que provocan la ira con el fin de elaborar posibles soluciones constructivas para lidiar con este sentimiento de la manera más efectiva.
La ira es una emoción negativa y que tiende a generar conflicto con quienes rodean a la persona que padece este sentimiento. Cuando la ira no es detectada por el que la manifiesta, es muy probable que esta se salga de control y termine dañando moralmente a otras personas del grupo familiar. Por este motivo, es fundamental canalizar la rabia en alguna actividad para evitar que se proyecte a las personas.
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Respirar profundo cuando los sentimientos de ira irrumpan.
Reflexionar sobre las causas que producen la ira ayudará a construir prácticas para poder mitigarla. No obstante, si la ira irrumpe sin que se pueda controlar, una buena medida para liberar la tensión puede ser realizar inhalaciones y exhalaciones profundas. De este modo, al enfocarse en los movimientos respiratorios, se desvía la atención del foco que despertó la ira y es más fácil reducir la intensidad que presenta.
Esto no significa que respirando profundamente la ira desaparezca instantáneamente, sino que será debidamente dosificada para que cause menos impacto en la persona sintiente y en los demás. Entonces, la ira se puede traducir en mal humor o apatía, que si bien tampoco son emociones agradables, por su naturaleza invariable, es menos probable que genere reacciones explosivas.
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Redirigir el foco del enojo.
Así como las respiraciones profundas promueven estados de relajación que minimizan la tensión nerviosa, es posible reducir la ira utilizando distintas fuentes de distracción. Si la respiración profunda no parece ayudar o nota que aumenta la ansiedad por la sensación interna, puede optar por realizar actividades que disfrute y que haya comprobado que mejoran su ánimo cuando le embargan los malos pensamientos.
La actividad física es una forma muy efectiva de canalizar la energía, y está comprobado que reduce la agresividad potencial. Asimismo, la lectura es una excelente terapia que ayuda a regular la frecuencia cardíaca y reduce los niveles de ansiedad y depresión. Otras actividades muy efectivas para disminuir la ira son escuchar música, dibujar, tejer, tocar un instrumento o ver películas.
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Perdonar las ofensas del fallecido o de otras personas de su entorno.
A veces, la ira puede haber sido generada no solo por la muerte del ser querido sino por alguna ofensa del pasado proferida por este. Si bien se supone que tras su muerte no se le debería reclamar una falta, si la persona fallecida nunca se disculpó por la falta o no se trató el problema entre las partes con el debido respeto, es posible que el sobreviviente todavía le guarde rencor.
Mantener este resentimiento no es saludable porque incrementa más una ira proyectada sobre un ser que ya no existe físicamente, del cual no se obtendrá respuesta ante este sentimiento. Por esta razón, la mejor alternativa es perdonar de corazón a la persona que nos ofendió, ya que de esta forma liberamos el apego, en este caso negativo, con la persona fallecida.
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Desahogar los sentimientos de ira escribiendo un diario.
Otra práctica igualmente efectiva para reducir el impacto de la segunda etapa del duelo es materializando por escrito esas emociones intensas a través de un diario. Como se trata de una escritura personal, probablemente nadie además de uno mismo leerá lo que se escriba en el diario. Esto canalizará las emociones evitando que se salgan de control de manera inesperada y que alguien reciba el impacto de las mismas.
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Practicar actividad física.
Como mencionamos anteriormente, la actividad física es una alternativa muy efectiva para regular la ira y la tensión nerviosa. Cualquier deporte practicado por placer ayudará a mejorar el estado anímico de la persona que se encuentre alicaída. Además, genera diversos beneficios para la salud física, como control de peso, un buen metabolismo, resistencia cardiopulmonar, etc.
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Fomentar la compasión para confrontar la ira.
Cuando estamos enojados, no tenemos pensamientos para pensar en otra cosa que no sea en nuestro problema. Las personas dejan de importarnos frente a nuestro pesar y solo queremos enfocarnos en lo que nos importa. Para evitar que el egoísmo se apodere de nosotros, lo mejor que podemos hacer es mirar de vez en cuando a nuestro alrededor para entender otras experiencias.
Hacer esto permitirá que el lado compasivo hacia las personas resurja frente a las emociones individuales y la ira se transforme en oportunidades de demostrar sentimientos positivos y saludables pese a la adversidad.
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Expresar gratitud a las personas que le brindan su apoyo.
Aunque en la superficie el panorama se perciba muy incierto y oscuro, debemos entender que detrás de las situaciones que nos ponen a prueba se encuentran personas, valores, recuerdos y objetos preciados por los cuales debemos estar agradecidos. La vida es corta y es mejor disfrutarla con las pequeñas cosas que la hacen significativa. En otras palabras, celebrar cada momento de nuestras vidas como si fuera el último.
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Buscar ayuda terapéutica si nada de lo anterior funciona para contrarrestar la ira.
En el caso de que sea inútil lograr resultados con las prácticas anteriores, el recurso más adecuado para trabajar la segunda etapa del duelo es recomendar a la persona afectada la ayuda profesional de un terapeuta que le permita sobrellevar esa ira con moderación y de la manera menos problemática, a fin de que el proceso de duelo avance de etapas hacia su punto culminante, y a partir de allí se restablezca el control de la vida.
A lo largo de este artículo, hemos intentado destacar los aspectos más sobresalientes de la segunda etapa del duelo y las acciones más acertadas para reducir los efectos de la ira en la salud mental y física de las personas, tanto del doliente como de su entorno más íntimo.

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